Préstamos entre particulares en España: legalidad, Modelo 600 y riesgos reales

Prestar dinero entre particulares es legal en España, pero conviene documentarlo bien: sin contrato ni Modelo 600, un préstamo familiar puede acabar tratado como donación encubierta.

Un padre que presta 15.000 euros a su hijo para la entrada de un piso sin firmar nada por escrito puede encontrarse, años después, con que Hacienda trate ese dinero como una donación no declarada si no puede demostrar que era un préstamo. Ojo con un bulo frecuente: el control de Bizum que se aplica desde 2026 (Real Decreto 253/2025) obliga a los bancos a informar de los cobros que reciben empresarios y profesionales, no de los Bizums entre particulares, según aclaró la propia Agencia Tributaria. Aun así, un préstamo familiar mal documentado sigue siendo uno de los puntos donde más errores se cometen por pura confianza.

Es legal, pero tiene papeleo obligatorio

Prestar dinero entre dos personas físicas sin pasar por un banco es completamente legal en España. Lo que muchos desconocen es que existe una obligación fiscal específica: quien recibe el préstamo debe presentar el Modelo 600 en la oficina liquidadora de su comunidad autónoma en un plazo de 30 días hábiles desde la firma del contrato (revisa el plazo exacto de tu comunidad autónoma, que gestiona el impuesto). La operación tributa por el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, pero está exenta de pago (artículo 45.I.B.15 del texto refundido del ITP-AJD). Exenta de pagar, no exenta de declarar: esa distinción es la que se salta la mayoría de familias y la que más problemas genera después.

Qué debe incluir el contrato

Un contrato de préstamo entre particulares válido no necesita notario, pero sí debe recoger unos mínimos: nombre y DNI de ambas partes, importe exacto prestado, plazo de devolución, si existe o no un tipo de interés pactado, y la forma de pago (transferencia, no efectivo, para que quede trazabilidad bancaria). Ese último punto es crítico: un préstamo en efectivo sin contrato ni justificante es, a ojos de Hacienda, indistinguible de una donación no declarada.

Si el préstamo incluye un tipo de interés pactado, quien presta el dinero debe declarar los intereses como rendimiento del capital mobiliario en su declaración de la renta. Si no se pacta interés, conviene dejarlo escrito expresamente en el contrato: la Ley del IRPF (artículo 6.5) presume que los préstamos son retribuidos al interés legal del dinero, salvo prueba en contrario. Y aunque no haya intereses, el Modelo 600 sigue siendo obligatorio.

Elemento Obligatorio Riesgo si se omite
Contrato por escrito Recomendado, no siempre exigido Difícil de reclamar si hay impago
Modelo 600 Sí, en 30 días Posible sanción formal por no presentarlo (aunque la cuota sea 0 €) y riesgo de que se trate como donación
Transferencia bancaria Muy recomendable Riesgo de calificarse como donación encubierta

Cuánto se puede prestar sin levantar sospechas

No existe un límite legal que prohíba prestar una cantidad concreta entre particulares, pero sí existen umbrales que activan controles automáticos. Los bancos informan a Hacienda, por ejemplo, de los ingresos y retiradas en efectivo de más de 3.000 euros (modelo 171), y Hacienda cruza esos datos con las declaraciones de la renta de ambas partes. Una transferencia puntual de 3.000, 6.000 o 10.000 euros entre padres e hijos no es ilegal en absoluto, pero si no hay contrato, ni Modelo 600, ni una explicación coherente en caso de requerimiento, el riesgo de que se interprete como una donación no declarada crece con la cantidad.

Conviene además guardar el contrato y los justificantes de las devoluciones durante al menos cuatro años, que es el plazo general de prescripción fiscal en España: pasado ese tiempo, Hacienda ya no puede reclamar por una operación mal declarada en su momento, pero durante ese periodo el contrato es la única prueba real de que el dinero era un préstamo y no un regalo.

Qué pasa si el prestatario no devuelve el dinero

Sin contrato firmado, reclamar un préstamo entre particulares por la vía civil se complica muchísimo: el prestamista tiene que demostrar que el dinero era un préstamo y no un regalo, y sin papel de por medio esa prueba es difícil. Con un contrato bien redactado, en cambio, cabe iniciar un procedimiento monitorio, una vía judicial relativamente rápida y barata para reclamar deudas dinerarias vencidas y no pagadas. La diferencia entre tener el contrato y no tenerlo no es cosmética: es la diferencia entre poder reclamar el dinero o perderlo directamente.

Qué diferencia un préstamo de una donación para Hacienda

La frontera entre ambas figuras no depende de las palabras que se usen en la conversación familiar, sino de dos elementos objetivos: la existencia de un plazo de devolución pactado y la voluntad real de devolver el dinero, algo que se demuestra con las transferencias periódicas de vuelta al prestamista. Un «préstamo» sin plazo, sin cuotas de devolución y sin ningún movimiento posterior en sentido contrario es, en la práctica, indistinguible de una donación encubierta, y así lo interpretan tanto Hacienda como los tribunales cuando surge un conflicto, por ejemplo en un divorcio o en un reparto de herencia. Documentar las devoluciones, aunque sean simbólicas, es tan importante como documentar la entrega inicial del dinero.

Cuándo compensa más esta vía que un crédito tradicional

El préstamo entre particulares suele tener sentido cuando existe confianza real (familia, pareja, amigos cercanos) y se puede pactar un interés bajo o nulo, algo que ninguna entidad financiera va a ofrecer. Para quien no tiene ese entorno de confianza o necesita el dinero con urgencia, la alternativa más rápida siguen siendo los créditos rápidos sin papeleos, que aprueban en cuestión de minutos aunque el coste en intereses sea mayor que el de un familiar.

Para quienes tienen su nombre en ASNEF y ningún familiar dispuesto o capaz de prestarles la cantidad necesaria, existen también opciones específicas como los préstamos sin nómina con ASNEF, diseñados para perfiles que un banco tradicional rechazaría de entrada. La trampa está en comparar solo el tipo de interés: hay que mirar también comisiones de apertura y penalizaciones por retraso, que en algunos productos rápidos disparan el coste real muy por encima del TAE anunciado.

Préstamo familiar con aval, una fórmula intermedia

Cuando el importe es elevado —por ejemplo, para la entrada de una vivienda— algunas familias prefieren formalizarlo como si fuera un préstamo con aval, aportando una garantía adicional que da seguridad jurídica a ambas partes sin depender únicamente de la confianza personal. No es la fórmula más habitual entre particulares, pero aporta un nivel de protección que un simple contrato privado no siempre ofrece, especialmente si hay varios herederos o parte de una herencia futura de por medio.

Cuando ya hay varias deudas encima de la mesa

Si el préstamo entre particulares se pide precisamente para tapar otras deudas acumuladas —tarjetas, créditos rápidos, descubiertos— conviene parar un momento y valorar si no sería más sano plantear una consolidación de deudas que unifique todo en una sola cuota, en lugar de sumar una deuda familiar más a una situación ya complicada. Pedir dinero a un familiar para pagar otra deuda sin resolver el problema de fondo suele acabar arrastrando el conflicto económico al terreno personal, que es justo lo que un préstamo entre particulares debería evitar, no provocar.

Para autónomos que necesitan liquidez puntual y prefieren no mezclar dinero con la familia, también existen líneas específicas como los préstamos rápidos para autónomos sin nómina, pensados para quien no puede acreditar ingresos fijos pero necesita cubrir un bache de tesorería sin esperar semanas.

Sin rodeos: el préstamo entre particulares funciona mejor cuando se trata con la misma seriedad que un préstamo bancario, con contrato, plazos claros y Modelo 600 presentado a tiempo. La confianza familiar no sustituye al papeleo frente a Hacienda, y ahí es donde más disgustos se llevan quienes piensan que «entre familia no hace falta firmar nada».

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