Once por ciento anual. Es la cifra que más se repite en los banners de las plataformas de crowdlending cuando entras a mirar qué hacer con esos 5.000 euros que tienes parados en el banco. Suena mucho mejor que el 3% de un depósito o el 2,8% de una cuenta remunerada. El problema es que ese 11% es una rentabilidad bruta y teórica, calculada antes de que Hacienda, el banco custodio y algún que otro préstamo impagado se lleven su parte. Nadie en la publicidad te enseña la resta.
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El truco está en el TAE que enseñan, no en el que cobras
Plataformas como Mintos, PeerBerry o Robocash publican una rentabilidad histórica media de entre el 10% y el 12% anual sobre los préstamos que financian inversores particulares. Ese dato es real, en el sentido de que corresponde a los intereses que pagan los originadores de los créditos. Pero es solo el punto de partida, no lo que termina llegando a tu cuenta.
Por el camino hay tres recortes que casi ningún comparador explica con números concretos:
- Retención en origen. Si la plataforma está domiciliada fuera de España, puede aplicar una retención sobre los intereses según la normativa de su país; aportar tu certificado de residencia fiscal español suele reducirla según el convenio de doble imposición. Lo retenido en el extranjero se puede deducir después en tu declaración (deducción por doble imposición internacional), con límites.
- IRPF en la base del ahorro. Los intereses del crowdlending tributan como rendimientos del capital mobiliario, en la misma escala que un depósito: 19 % hasta 6.000 €, 21 % entre 6.000 y 50.000 €, 23 % hasta 200.000 €, 27 % hasta 300.000 € y 30 % a partir de ahí (el tramo del 30 % se aplica desde 2025).
- Impago sin recuperación total. Ninguna plataforma tiene una tasa de default del 0%. Cuando un originador quiebra o se retrasa más allá del buyback garantizado, una parte de ese capital tarda meses en volver o directamente no vuelve.
Así queda un euro invertido en la práctica
Cojamos un caso realista: 5.000€ repartidos en préstamos con una TAE media anunciada del 11%, con certificado de residencia fiscal ya presentado (retención del 5%) y sin otras rentas del ahorro ese año.
| Concepto | Importe |
|---|---|
| Rentabilidad bruta anunciada (11% de 5.000€) | 550,00€ |
| Retención en origen (si la hay, se descuenta luego de tu cuota de IRPF, no es un coste adicional) | 0,00€ |
| IRPF base del ahorro (tramo del 19%) | -104,50€ |
| Pérdida estimada por impagos no recuperados (1,5 puntos) | -75,00€ |
| Rentabilidad neta real aproximada | ~370€ (7,4%) |
Lo que de verdad pesa es el IRPF y la morosidad. Con eso, el 11 % de la publicidad se convierte en algo más del 7 % neto en un año medio, y puede bajar mucho si tocan originadores flojos o si la morosidad es mayor que la del ejemplo. Compáralo con un depósito a plazo fijo al 3,1 % TAE, con la misma fiscalidad pero sin riesgo de impago: el neto ronda el 2,5 %, pero con el capital protegido por el Fondo de Garantía de Depósitos hasta 100.000 €. La diferencia de rentabilidad existe, pero es el precio de asumir un riesgo real de perder capital.
El riesgo que la publicidad no menciona: cuando la plataforma desaparece
Entre 2019 y 2020, varias plataformas bálticas de crowdlending —Envestio, Kuetzal y Grupeer entre las más sonadas— dejaron de pagar a sus inversores, que perdieron buena parte de su dinero. No eran plataformas desconocidas: tenían miles de usuarios y ofrecían rentabilidades del 14-18 %, no tan lejos de lo que hoy anuncian otras plataformas.
Ojo con esto: una rentabilidad anunciada muy por encima de la media del sector no es una ganga, es una señal de alarma. Cuanto más alto el interés prometido, más probable que el originador detrás sea de peor calidad crediticia o que la plataforma esté inflando cifras para captar capital rápido.
Los límites que Bruselas te pone desde 2023
Desde el 10 de noviembre de 2023, cuando terminó el periodo transitorio del Reglamento (UE) 2020/1503, todas las plataformas de financiación participativa que operan en España deben estar autorizadas como proveedores de servicios de financiación participativa (en España, por la CNMV, o en otro país de la UE con pasaporte). Si una plataforma no figura en los registros de la CNMV o de ESMA, mejor no meter un euro ahí. Ojo: algunas plataformas conocidas de préstamos (como Mintos) no operan con esta licencia sino como empresa de servicios de inversión, así que revisa qué licencia tiene cada una y qué protección te da.
El reglamento europeo no fija un tope de inversión para el inversor no experimentado, pero sí le protege: la plataforma tiene que hacerte una prueba de conocimientos, ofrecerte una simulación de tu capacidad para soportar pérdidas (10 % de tu patrimonio neto) y advertirte, con un periodo de reflexión de 4 días para desistir, antes de que inviertas en un proyecto más de 1.000 € o más del 5 % de tu patrimonio. La plataforma también está obligada a entregarte una ficha de datos fundamentales de la inversión antes de cada operación: vale la pena leerla, porque ahí aparecen los riesgos y condiciones del proyecto concreto.
Diversificar de verdad importa más que elegir la plataforma con mejor marketing. No sirve de mucho repartir 5.000€ entre dos o tres préstamos grandes: si uno de esos originadores tropieza, el golpe se nota en la rentabilidad de todo el año. La práctica habitual entre inversores con más recorrido es usar el auto-invertir de la plataforma para repartir el capital en 100-200 préstamos de 20-50€ cada uno, fijando un límite máximo por originador que normalmente no supera el 5-10% del total invertido. También conviene mirar la calificación que cada plataforma asigna a sus originadores —suelen usar escalas de A a F según su solvencia y el capital propio que comprometen— y desconfiar de los que se mueven siempre en la parte baja de esa escala solo porque pagan algo más de interés. Un originador con piel en el juego, es decir, que también arriesga capital propio en cada préstamo junto al de los inversores, da más garantías que uno que se limita a intermediar sin asumir ningún riesgo real.
El Modelo 720 que se olvida casi todo el mundo
Si el saldo de tus cuentas en entidades extranjeras, o de tus valores y derechos depositados o gestionados fuera de España, supera los 50.000 € a 31 de diciembre, tienes que presentar el Modelo 720 (declaración informativa de bienes en el extranjero). No supone pagar más impuestos por sí sola; tras la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE de 2022, las sanciones especiales que tenía se eliminaron y ahora se aplica el régimen general, pero sigue siendo obligatoria. Quien reparte 5.000 o 10.000 € entre dos o tres plataformas no suele llegar al umbral; quien va acumulando rentabilidades reinvertidas año tras año, sí debería vigilar el saldo cada diciembre y consultar si sus préstamos encajan en alguna de las categorías del modelo.
Para quien prefiere quedarse dentro de productos con fiscalidad más simple y sin declaraciones informativas añadidas, unas cuentas remuneradas competitivas o las letras del Tesoro cubren buena parte de esa necesidad de rentabilidad sin riesgo con bastante menos papeleo.
¿Compensa entonces meter dinero en crowdlending? Depende de para qué lo quieras. Como sustituto de un fondo de emergencia, no: ahí gana por goleada una cuenta remunerada o un fondo monetario, líquidos y sin riesgo de impago. Como parte pequeña de una cartera diversificada —el 5-10% que ya estaba destinado a activos de mayor riesgo, junto a algo de renta variable o fondos indexados— tiene más sentido, siempre repartiendo entre varios originadores y nunca superando lo que estás dispuesto a no recuperar si algo sale mal. La rentabilidad neta real, entre el 6,5% y el 8,5% en un año sin sobresaltos, sigue siendo interesante frente a las alternativas sin riesgo. Lo que no es razonable es tratarlo como si fuera un depósito con mejor interés, porque no lo es.

